Comenzó cuando los peces gordos de SPI-Tech recibieron un mensaje anónimo asegurando que Troika estaba siendo atacada. Exigían quinientos mil créditos de eGold a cambio de detener el ataque y de protección por doce meses. De rehusarse, el ataque crecería durante veinte semanas o hasta que las acciones de SPI-Tech se fueran al suelo. Un enlace bastó para corroborar lo que el mensaje decía. Los tres macronodos de Troika estaban completamente bloqueados y sus túneles saturados. Los ingenieros de SPI-Tech nunca habían visto un ataque semejante.

El momento no pudo haber sido peor para SPI-Tech. Los nuevos modelos de muñecas de Skin-X y los últimos jugos de VAmbient acababan de llegar de producción. La temporada de vacaciones de fin de año se aproximaba y esperaban a miles de clientes con mucho tiempo libre y dinero en sus cuentas. El riesgo de perder a Troika ahora implicaba pérdidas millonarias en clientes y hookies, como les recordaba el mensaje. Lo peor era que si no cumplían con las agendas acordadas con los chinos, se meterían en problemas más serios.

No era la primera vez que SPI-Tech lidiaba con extorsionistas. El negocio del sexo virtual imbuído era millonario y SPI-Tech el rey. Correr a través de Troika era un trofeo que todo cracker deseaba en su terminal. La mayoría fracasaba, y los que lograban acercarse lo suficiente como para ser tomados como amenaza, amanecían freídos con sus N.I. literalmente soldados al cráneo; o encontraban sus cuerpos calentados flotando en algún río. SPI-Tech contaba con el apoyo elitista de los hombres de negro, a cambio de sus contínuas donaciones a las agendas del CERT, quienes se hacían cargo de este tipo de amenazas. Todo, claro, de forma clandestina.

Pero este ataque era diferente. No se trataba de un corredor astuto o un grupo de neurobots intentando romper sus hielos. Eran millones de entidades autómatas inundando sus túneles e intentando entrar a sus nodos al mismo tiempo y sin respetar los protocolos. Por cada una de las entidades que los centinelas derretían, diez más aparecían. Las subrutinas de los hielos no podían con la demanda y se anulaban con rapidez.

Ya lo habían intentado todo. Rastrear a las entidades era inútil, ya que llegaban siempre a las terminales de usuarios comunes que caminaban en la red sin saber que sus enlaces habían sido robados y reprogramados. Zombies. Freírlos no era viable, asesinarían a miles de inocentes. Era prácticamente imposible identificar a los responsables.

Para SPI-Tech era evidente que no podrían solucionar el problema por medio de una guerra en la red, tendrían que cortar la raíz en el mundo de carne y hueso. Utilizando sus influencias, haciendo promesas y sobornando a las personas indicadas, SPI-Tech recopiló una lista de los corredores más reconocidos con acceso a los recursos necesarios para escenificar semejante ataque. En 24 horas habrían dado con todos ellos, agregándolos al archivo de amenazas erradicadas. Pero el CERT se negó a cooperar; actuar sin evidencias y con tal prepotencia desencadenaría un escándalo público que pondría en riesgo sus agendas.

Lumbard, CEO de SPI-Tech, no estaba de acuerdo en confiar la solución del problema más grande que había enfrentado su corporación en un consultor externo, menos cuando se trataba de uno con el trasfondo de Boffa —afamado en la red por sus proezas de contraespionaje— corredor jubilado que ahora se ganaba la vida ayudando a corporativos a deshacerse de sus penosos incidentes. Lumbard no sabía qué lo enfurecía más, si la ironía de tener que acudir a este personaje, o la sarcástica sonrisa en el rostro de Boffa al mencionar los honorarios por sus servicios. —Espero lo valga— pensó Lumbard, el CERT dijo que él era el mejor.

La Mansión era el tipo de BBS que Boffa evitaba. Había sido un cabaret propiedad del viejo orden antes del Big Bang. Los activistas no tardaron en tomarlo y formatearlo en semejanza a un famoso antro del mundo real. Decenas de hookies lo visitaban buscando diversión, problemas o negocio. La Mansión tenía vida propia y se adaptaba a las nuevas generaciones, que eran el motivo por el cual Boffa estaba ahí.

Boffa sintió una lágrima en su rostro; la estridente música le martilleaba sus atrofiados sentidos. Se distraía viendo a Fima bailar lentamente. Para esa noche había seleccionado un avatar que representaba a una sensual mujer afroamericana con ropa entallada.
Al otro lado de la mesa, Divya estaba más interesado en su neurolink, introduciendo código con rapidez. Su avatar era una versión cibernética de El Cuervo hecho de metal líquido.
A su lado, un sencillo avatar de dos dimensiones representando a un hombre de gabardina y sombrero monocromáticos flotaba inmóvil. Avil era el más conservador, prefiriendo operar desde carnelandia, pero no por eso el menos astuto — Boffa sabía que podía derretir a cualquiera de los presentes en milisegundos.

Estaban esperando. Habían mandado un mensaje encriptado a un sector del CERT. Carnada para corredores. Para esa hora todos sabrían que en La Mansión se estaba negociando un segundo ataque contra SPI-Tech para hacer competencia al original. Si el cracker era inteligente y quería conservar su negocio, se presentaría.

Avil tenía sabuesos vigilando las entradas, cuando éstos dieron la alerta y el presunto cracker cruzó la puerta de La Mansión, no era lo que Boffa esperaba. Un hombre de negro, solo, avanzó entre las desconcertadas miradas de lo hookies y se ubicó en una mesa.

Avil corroboró la inexistencia de centinelas en los alrededores y Divya afirmó que no mantenía enlaces hacia afuera; detalles que extrañaron aún más a Boffa. Fima se acercó a la mesa del hombre de negro y colocó sobre ella un pequeño recipiente que él reconoció inmediatamente. Tener uno de los nuevos jugos de VAmbient sólo podía significarse una cosa.

— Quiero hablar con x3m1st — Dijo el hombre de negro.

— Claro viejo, ¿Pero no crees que debes relajarte antes? — Fima abrió el recipiente y extrajo el cilindro. No había visto ese color en particular, y la expresión del cracker le dijo que era buen material.

— Perfecto, es un junkie — Pensó Fima. El hombre de negro tomó el cilindro y lo introdujo en su neurolink.

Boffa se dirigió a la mesa mientras Divya terminaba de compilar el virus. No le daba confianza — ¿cuándo se había escuchado de un cracker que tomara posesión de un hombre de negro? — no caería tan fácil y era muy tarde para cambiar de plan.

El cracker terminó la descarga con una expresión de placer. Fima murmuró el comando que activaría el código inyectado al jugo. Divya desató el virus; un insecto poligonal voló hacia el hombre de negro, quien derribó la mesa al ponerse de pie, escribiendo con velocidad en su neurolink.

Boffa tenía segundos contados. Tomó su stylus y escribió código en el aire, pero todo se paralizó antes de terminar. Boffa no podía moverse y su enlace no respondía. El hombre de negro estalló en cientos de pedazos que alcanzaron a la mayoría de los presentes, que al ser impactados se desprendieron de sus enlaces y salieron velozmente del lugar.

Boffa gritó mientras el tiempo se ponía al corriente en cámara rápida. La sobrecarga de retroalimentación derritió su enlace, lanzándolo de regreso a su cuerpo. Odiaba lo que dolía cuando eso pasaba. Mareado, se desconectó de su N.I. y se sentó frente a su máquina tecleando con rapidez.

Los tres contestaron.

— Lo siento — tecleó Boffa — No pude hacer nada. Fue muy rápido.

— Yo lo etiqueté — escribió Fima.

— El virus no lo alcanzó, pero pude inyectarlo a uno de los zombies — continuó Divya.

— Lo estoy rastreando... lo tendré en unos minutos — intervino Avil.

— Malditos niños — pensó Boffa, sintiendo más envidia que admiración.

Lumbard leyó nuevamente el mensaje en su pantalla. Decía que habían detenido el ataque sólo para renegociar. Como no hubo respuesta a la primera oferta, ahora el precio sería de un millón. Si no los recibían en 24 horas, reanudarían el ataque con mayor intensidad. Lumbard sintió el estómago darle vueltas; presionó un botón en su conmutador y aceptó el enlace con los chinos, parecían estar muy enojados.

* * *

A Boffa le había tomado un día entero reprogramar sus hielos después del flamazo en La Mansión. Seguramente lo habría logrado en menos tiempo con la ayuda de Divya, pero aún tenía una imagen que cuidar.
Necesitaba demostrarse que todavía podía depender de si mismo. Había tenido que dejar los jugos, el alcohol y el tabaco, y resignarse a tratamiento electroquímico para retrasar el efecto del desgaste cerebral. Carajo, tenía tan sólo treinta años y estaba ya prácticamente fuera de la escena. No podía competir con esos niños — ¡y él había sido mejor que ellos a su edad! — haría lo que fuera por volver a ser como hace quince años.

— ¿Sigues conmigo? — Preguntó Boffa hacia su enlace privado.

Se encontraba en un sector anarquista en Rusia. El nodo era un edificio abandonado en pésimas condiciones. No había seguridad implementada y parecía estar completamente vacío. El rastreo del cracker había dado hasta ahí.

— Aquí estoy — Escuchó la voz dentro de su cabeza, vibrando en su nuca. Boffa sabía que Avil no podría ser de gran ayuda en caso de amenaza, pero él había sido la única opción. Los sabuesos del cracker habrían detectado a Fima o a Divya, ya que habían usado código propio para rastrearlo.

Al llegar al último piso, Boffa encontró lo que buscaba — un canal de charlas formateado de forma aislada al resto del edificio. Abrió los candados que lo protegían y accedió deseando encontrarse con su objetivo, seguramente en su base secreta de operaciones. Pero lo que Boffa encontró no fue lo que se esperaba: miles de zombies, en perfectas filas, inertes, desnudos, llenaban el cuarto.

— ¡Mierda! — fue la misma expresión de Avil cuando Boffa lo ligó al canal.

— Muy inteligente — pensó Boffa mientras Avil estudiaba el lugar. El cracker sabía que ellos no accederían a un conflicto directo. Las flamas derretirían a los zombies, creando una bola de nieve imparable; además de que dañarían a caminantes que todavía estuvieran ligados a su zombie desde carnelandia.

— Etiqueta a los que no estén enlazados Avil, yo bloquearé la entrada.

— No hay tiempo, nuestro amigo se aproxima — Respondió Avil notando a sus sabuesos.

Boffa desactivó su avatar quedando desnudo al igual que los zombies, un maniquí más.

— Desconéctate Avil, dile a Divya que active el rastreo de mi enlace. Fima ya sabe qué hacer.

Avil desapareció. Boffa desactivó sus hielos y titubeando colocó su mano a pocos centímetros del rostro inexpresivo de uno de los zombies.

— Ah mierda, de cualquier forma ya estoy jodido.

Boffa activó el microprocesador Cortical que protegería parte de su conciencia en memoria flotante y tocó la frente del zombie. El virus se inyectó instantáneamente en su atavar, tomando posesión de su enlace. La intensa sensación del desprendimiento ya era conocida — el paralelismo siempre había sido su especialidad y la causa de sus males — parte de él fue expulsada de su avatar.

La parte de Boffa que quedó unida al zombie vio entrar al canal a un avatar de color negro cromado, de ojos amarillos, felinos, que resaltaban en un rostro sin facciones. El cracker mencionó una serie de comandos que resonaron en todo el canal y pusieron en movimiento al ejército de zombies. El zombie-Boffa, obedeciendo, se puso de pie y salió velozmente del canal, rodeado de cientos de entidades, volando por la red.

Segundos más tarde, una avalancha de zombies corrían hacia Troika. Boffa veía cómo se acercaba a gran velocidad a su objetivo. En poco tiempo chocaría contra con los hielos y centinelas que los esperaban con todas sus defensas activadas.

Sí, Boffa haría lo que fuera por ser como antes.

¿Tú eres x3m1st? — El avatar de una pantera semi-humana se agazapaba en la maleza cibernética.

— Puedes llamarme así — Respondió Boffa tratando de ubicar a la sombra. Las hojas y ramas metálicas adquirían un peligroso filo cuando pasaba cerca de ellas, parecían arquearse tratando de herirlo.

Llegar hasta el cracker no había sido fácil. La mitad de Boffa que permanecía en el zombie contenía el virus, y al separarse, la otra mitad extrajo el código fuente del avatar, enviándoselo a Divya, quien no tardó en aislar el virus y rastrearlo a su lugar de origen. Avil derritió a los centinelas y abrió un agujero en los hielos.

Boffa veía en blanco y negro, y su movilidad era limitada; la mayoría de sus recursos los dedicaba a su otra mitad. Le fue imposible detectar la trampa, quedando suspendido en el aire, sujetado por lianas eléctricas. El cracker surgió de la maleza.

— ¡Eres mío! — dijo riendo — ¡Nadie me puede hacer competencia!

— ¿Sigues creyendo que esto se trata de dinero? Que imbécil eres. ¿Cuántos años tienes? ¿trece, catorce? Que desperdicio de talento.

Respondiendo a su furia, los dedos del cracker se transformaron en feroces garras. Con un bramido, se lanzó de un salto a su presa...

...y una alarma sonó en el nodo.

* * *

En Troika, decenas de centinelas trataban sin éxito de detener a los millones de zombies que llovían por todos los enlaces. Troika estaba por caer. En una decisión desesperada, SPI-Tech contraatacó con fuego sin importarles las consecuencias. Los zombies comenzaron a derretirse por centenas, y los ecos de la batalla resonaron en toda la red.

El zombie-Boffa, conociendo el nodo a la perfección, se escabulló esquivando los flamazos de la batalla y llegó hasta uno de los hielos. Utilizando el acceso autorizado que le había concedido SPI-Tech, corrió dentro de Troika hasta llegar a una bóveda de alta seguridad, a la cual accedió utilizando una puerta trasera que había instalado previamente. Una vez dentro, emitió una señal de alerta a través del nodo hurtado de su zombie.

* * *

El cracker detuvo su ataque justo frente a Boffa. Silenció la alarma y después de unos segundos, su oscuro rostro — hasta ese momento inexpresivo — se dividió en una exagerada sonrisa de asombro. Uno de sus zombies había logrado entrar a Troika.

— Te vas a tragar tus palabras — le dijo a Boffa mientras introducía código en pantallas que aparecían y desaparecían en el aire.

A un lado del cracker, la maleza se fusionó creando una puerta que se abrió revelando un túnel de clara luz azul.

* * *

En Troika, el zombie-Boffa recibió la orden y ejecutó el comando que abrió una puerta de enlace con el nodo del cracker. Su siguiente instrucción le ordenaba autoderretirse — y la hubiera llevado a cabo de haber sido un zombie normal — pero la parte de Boffa dentro de él lo obligó a hacer otra cosa. Tomó el algoritmo que Divya le había dejado en la bóveda y lo introdujo en su avatar. La reingeniería surtió efecto en el virus, y el zombie-Boffa fue absorbido por el túnel.

* * *

El cracker había dedicado mucho tiempo y empeño en formatear su nodo en semejanza a una selva amazónica. Había recreado hasta el último detalle, utilizando bots para animar a distintas especies animales. Fue sorpresa cuando una serpiente de gran tamaño — que debería ser sólo parte de la ambientación — lo atacó ágilmente, mordiendo una de sus piernas. El veneno lo paralizó al instante evitando que saliera por el túnel y deshabilitó sus hielos. La colisión con el zombie que entró velozmente por el túnel fue inevitable. El avatar del cracker y el del zombie se fusionaron en uno solo.

La serpiente tomó la forma del ya conocido avatar de Fima y liberó a Boffa de su trampa, quien se encontró frente a frente consigo mismo; su otra mitad el avatar de color negro que lo había apresado. El cracker-Boffa brincó al túnel, que se cerró detrás de él.

Boffa salió del nodo acompañado de Fima. Tenía una cita urgente con Lumbard, tendría que explicarle la razón por la cual un corredor había podido penetrar a su bóveda.

Tal y como lo había planeado.

* * *

Lumbard terminó su cuarto vaso de cognac y miró por la ventana de su oficina. Su empresa, al no poder contener el ataque, había perdido millones y ahora se encontraba en proceso de quiebra.

El CERT declaró a Troika como zona de alto riesgo y bloqueó todos los enlaces hacia ella, nulificando su operación. Le impuso a SPI-Tech una multa millonaria por violar los códigos de seguridad y poner en riesgo a miles de caminantes inocentes.

Pero las deudas y pérdidas no eran la mayor preocupación de Lumbard. El corredor había destruido todas las agendas de la corporación, incluyendo las de los chinos, que no tardaban en llegar a su oficina. Lumbard sabía que sólo había una forma de salir vivo de esta situación y liberarse de al menos la mitad de sus deudas.

* * *

Días después, en todos los boletines de noticias se sabía que SPI-Tech había sido adquirida por WuTech como una estrategia de rescate. El CERT había apoyado incondicionalmente la adquisición, restaurando los enlaces hacia Troika.

Boffa no recibió el pago por el trabajo de SPI-Tech, los abogados del corporativo se rehusaron, alegando que la seguridad de Troika fue comprometida. Sí, perdió una suma importante, pero la remuneración recibida por el CERT a cambio de la identidad del cracker, revertir el virus causante de los zombies, y crear una vacuna, fue tres veces mayor. Fima, Divya y Avil fueron los más beneficiados.

Boffa llegó a su departamento después de su tratamiento electroquímico. Aún adolorido, abrió el paquete que había recibido. Era una muñeca de Skin-X, que ahora portaban el logotipo de WuTech en la axila izquierda. Una cortesía, según decía la nota. Boffa sonrió al imaginarse lo que Divya haría con ella cuando se la regalara. Presionó el botón de eyección en la nuca de la muñeca, y un pequeño compartimento se abrió en la parte superior de la cabeza; en lugar del minidisco de personalidad, se encontraba un pequeño paquete de material antiestático. Boffa lo abrió, extrayendo el diminuto microchip ZZ44 de WuTech — aún secreto industrial — y lo colocó en la palma de su mano examinándolo con entusiasmo. Al día siguiente tendría la cita para su instalación, y Boffa estaba listo para la neurocirugía.

Al fin iba a poder ser el mismo de antes.

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