Bienes raíces

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Eirich respiró profundamente en cuanto se pudo quitar el casco. Todo el traje era sumamente incómodo, pero el casco era la parte más pesada, además de que era muy difícil acostumbrarse a respirar dentro del mismo. Sin embargo, era necesario, pues era la única forma de salir sin quedar permanentemente dañado por la atmósfera exterior. Era un lugar terrible para vivir, pero precisamente era su trabajo el encontrar nuevas opciones para que los seres humanos pudieran sobrevivir.

Caminó lentamente por la enorme bodega, moviéndose mucho más ligero sin toda la protección. Sus demás compañeros ya lo habían visto, pero por ahora se contentaban con saludarlo con un ademán, pues aún estaba muy retirado como para dirigirse a él verbalmente.

— Hola Eirich ¿Algo nuevo? — preguntó Paolo con una amplia sonrisa. Siendo el más joven, era siempre el más alegre, si es que alguien podía sentirse así en semejante lugar.

— De mal en peor — respondió Eirich mientras se sentaba en su lugar — las granjas hidropónicas siguen funcionando, pero no son suficientes. En el domo alfa se está acabando la comida.

— Tranquilo hombre — dijo su compañero con una sonrisa - encontraremos una solución. Es nuestro trabajo ¿No?

Paolo era muy joven, había nacido dentro de los domos. No recordaba como había sido el mundo antes de la Polución, pero Eirich lo recordaba, y eso lo hacía sentirse menos esperanzado.
Eirich deslizó los dedos con rapidez sobre el teclado consultando por enésima vez los resultados. Las fórmulas eran correctas, pero algo se escapaba, aún ignoraba que...
Una voz femenina interrumpió sus pensamientos y lo hizo ponerse en alerta de inmediato.

— Vengan, parece que hay reacción en el portal

Paolo y Eirich se levantaron de golpe y corrieron hacia el fondo de las instalaciones. Frente a ellos, una mujer de apariencia oriental les alargaba a cada uno de ellos un par de lentes protectores, que se calaron sin detener la marcha.

— Aún no es nada concluyente, pero es lo mejor que hemos visto en meses — Les dijo Naoko, la chica que los había llamado, en cuanto la alcanzaron. Todo fue tan rápido, que antes de que pudiera explicar más estaban frente a la pesada puerta de acero. La mujer materialmente golpeó el botón de apertura y ésta se deslizó con un siseo apenas perceptible.

Adentro, algo similar al marco de una puerta brillaba tenuemente. Si bien estaba en el centro de la habitación, sin estar conectado a nada más, era posible ver la silueta de un gran cuerpo de agua, que se sobreponía a la visión del fondo del cuarto. El brillo duró unos segundos más antes de apagarse lentamente, junto con la imagen. A pesar de ello, Eirich pareció ver a lo lejos la silueta de un navío, aunque demasiado rápido como para describirlo.

— Lo perdimos — Naoko rompió el silencio, quitándose los lentes con frustración.

— Sí — le interrumpió Eirich — pero sabemos ya que es posible. Señores. Volvamos al trabajo.

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Eirich se llevó las manos a la cara con cierta frustración. Hace apenas una semana que el portal había mostrado cierto avance en cuanto al funcionamiento, pero a partir de ahí, cayó en otro bache... rápidos chispazos sin ninguna claridad, que hacían el viaje aún impráctico. Sin embargo, teóricamente se tenía una enorme ventaja: Era un hecho que existían otras dimensiones y que eventualmente sería posible transladar seres humanos a las mismas. Dado el estado que guardaba la Tierra para ese entonces, era indispensable encontrar nuevos espacios para colonizar, y la escasez de combustibles hizo el viaje interplanetario incosteable. Ese proyecto era la última esperanza y él lo sabía. Sin embargo, la presión era realmente excesiva.

Fue el ruido en la sala del portal lo que lo hizo reaccionar. Claramente se escuchó como un gran peso se derribaba, como si algunas de las máquinas se desplomaran. De inmediato se oyeron gritos, correteos y... un chillido, como el de una enorme ave de presa. Eirich se levantó corriendo. Iba preparado para todo, menos para lo que se encontró.

Dentro de la sala del portal, una enorme criatura correteaba por el lugar. Era parecida a un ave, pero las colosales alas no podían desplegarse totalmente en el minúsculo espacio, por lo que se limitaba a corretear por el lugar, lanzando picotazos a diestra y siniestra, tratando de hacer blanco en algunos de los técnicos. En su desesperación, derribaba gran parte del equipo, además de que cada impacto dejaba una profunda huella en las paredes y pisos, supuestamente del más resistente metal. Naoko estaba arrodillada tras un casillero caído, que intentaba abrir con desesperación.

- Distrae a esa cosa Eirich, necesito tiempo - chilló en forma autoritaria, a pesar de estar visiblemente asustada.

Eirich tomó un extinguidor y sin pensar, lo arrojó a la cabeza de la criatura, con un golpe seco. Un hilillo de un líquido azulado comenzó a brotar de la herida, pero por lo visto no era de consideración, pues el ave dirigió la vista hacia Eirich, lanzando un picotazo violento hacia él. A duras penas alcanzó a esquivar, pero el sonido del golpe en el piso lo asustó. Algunas esquirlas de metal salieron disparadas, dándole una idea de la tremenda fuerza del mismo. Un solo golpe, y sería fatal...

La criatura intentó encararse a él, pero el poco espacio del cuarto no le permitía maniobrar. él se puso de pie con dificultad, preparándose para la nueva agresión. Por más que pensaba, no podía encontrar la manera de contener a una criatura como esa.
El sonido del disparo lo sacó de sus divagaciones. El impacto le dio al ave en el pecho, desplomándose de inmediato. Volteó por reflejo, viendo a Naoko dejar caer el arma, las manos temblorosas. Se dejó caer de rodillas y hasta ese momento se permitió llorar.
Eirich se levantó lentamente, sintiendo aún como su corazón latía con fuerza. Su mente científica le demostró que, entre esas dimensiones, era posible que se encontrara vida. Sin embargo, también quedaba claro que el proceso de conquista no iba a ser un trabajo fácil.

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Tras del "incidente" con el ave, los avances se retrasaron varios meses. El equipo estaba atemorizado ante la posibilidad de que se les cortara el presupuesto por los enormes daños, pero el simple cadáver de la criatura fue más que suficiente para entusiasmar al Consejo. Por otro lado, no todo fue pérdida, pues durante el proceso de reconstrucción se pudieron hacer varios cambios al equipo, que asegurarían un funcionamiento más eficaz. Era curioso el hecho de que, aunque estaban empezando prácticamente de cero, el entusiasmo era mucho mayor. Existía en cada uno de los miembros del equipo la esperanza de que, en esta ocasión, la humanidad aprendería de sus errores, y que el nuevo comienzo en alguna de esas realidades sería mucho mejor planeado, de forma que no se acabara con esos nuevos mundos tal y como se hizo en la Tierra.

- ¿Listos? - preguntó Paolo. El nerviosismo era más que notorio, pues en ese momento se estaban jugando el todo o nada. Eirich se puso los lentes protectores, asintiendo con la cabeza. Del otro lado, Naoko miraba fijamente al portal, esperando la reacción.

Paolo jaló el interruptor violentamente, aferrando la palanca durante unos segundos. El portal brilló levemente, para ir aumentando en intensidad. Dentro del espacio anteriormente vacio del complejo dintel, comenzaron a dibujarse los contornos de una enorme pradera. Lo único que cortaba la soberbia vista era un camino de tarracería que la atravesaba a la mitad, para después bifurcarse algunos metros más adelante. Naoko no pudo evitar un gesto de preocupación al ver un poste de madera colocado en la división, en donde dos letreros de madera anunciaban, en un alfabeto desconocido, los destinos de ambas veredas.

- Hay vida inteligente - rompió Eirich el silencio, viendo a Naoko como si adivinara lo que estaba pensando - eso nos plantea un nuevo problema.

- No lo creo - apostilló Paolo - Se ve que es una civilización muy atrasada. No creo que haya problema para conquistarlos si...

Eirich y Naoko lo voltearon a ver inquisitivamente, forzándolo a cortar la frase a la mitad.
- Se trata de comenzar de nuevo - dio Naoko rompiendo el silencio - y no vamos a repetir los errores que se han cometido a lo largo de la historia.

Paolo bajó la mirada, algo apenado, pero no muy convencido. La Tierra estaba muriendo, y ante la perspectiva de algunos, cualquier cosa era válida para salvarla... cualquiera.

- Bueno, es posible que no todos los planos tengan vida inteligente. Pero eso lo sabremos en la segunda etapa del proyecto - Dijo Naoko rompiendo el silencio.

- ¿Segunda etapa? - preguntó Paolo. Sus dos compañeros asistieron con un movimiento de cabeza.

- ¿Realmente quieres saber que hay tras del portal? - concluyó Eirich viendo al joven a los ojos - Pues crúzalo.

El Sol brillaba en lo alto, dándole a la campiña un tibio ambiente al que sus habitantes estaban más que acostumbrados. A pesar de que era un camino transitado, en ese momento se encontraba solo, cuando menos hasta donde alcanzaba la vista. En el cruce, una de las flechas indicaba en el lenguaje de la región "Puesto de Aduana". Para todo el reino, ese lugar siempre había sido una zona de entrada de viajeros y mercancia. Un lugar muy apropiado.

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